La evaluación del entorno para un Profesional de la Seguridad Privada

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La evaluación del entorno en una intervención profesional es crucial. Cuando Profesionales de la Seguridad Privada como un Vigilante de Seguridad, Escolta Privado o agente de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad se encuentra inmerso en una situación operativa que implica un gran estrés, las posibilidades de actuar utilizando la cabeza disminuyen considerablemente. La incertidumbre en estos casos aumenta de manera vertiginosa, haciendo que las posibilidades de reaccionar adecuadamente disminuyan mucho. La parte más primitiva de nuestro cerebro se activa haciendo que reaccionemos, en muchas ocasiones, sin la debida precaución o sin la debida orientación primando en nuestro comportamiento el lado menos profesional y el más humano que va a intentar por todos los medios garantizar nuestra supervivencia.

Elementos a tener en cuenta para un profesional de la Seguridad Privada
En una intervención prima la seguridad de las personas, incluyendo la nuestra por supuesto, y la necesidad de valorar las consecuencias de nuestros actos. Por un lado tenemos que ajustar nuestras actuaciones a la legislación vigente, lo que en ocasiones es muy complicado, mientras por el otro debemos evaluar las posibles consecuencias éticas de nuestros actos. Por ejemplo una mala actuación por parte de un escolta privado o vigilante de seguridad con su arma de fuego, que acabara con un inocente muerto, sería catastrófica.

Lo primero que debemos plantearnos en una situación de gran estrés o emergencia, es el concepto de autoprotección y de evaluación y orientación en el entorno en el que esta situación sucede. Si nuestra propia seguridad no está garantizada, no podremos llevar a buen término la intervención. Si no controlamos el espacio a nuestro alrededor, las posibilidades de que las cosas vayan mal se multiplican. Si no controlo a los participantes en el incidente o a los miembros de mi equipo, las posibilidades de hacerse con la situación también disminuyen. Por desgracia este control no siempre es posible, pero aún así debemos hacer un esfuerzo por tomarnos un segundo para observar y evaluar, antes de abordar una situación de peligro para los demás o para nosotros mismos. También hay que tener en cuenta que, en ocasiones, dichas situaciones se presentan de manera tan sorpresiva, que es imposible prepararse para las mismas. Algunas herramientas que nos pueden ayudar son una actitud de alerta apropiada sin caer en la paranoia, un entrenamiento constante y un conocimiento adecuado de nuestro trabajo. Una adecuada concentración y el no bajar la guardia, por sencilla que nos parezca una intervención, nos ayudarán a llevarla a buen término.

Por otro lado debemos prestar la adecuada atención al concepto de detección temprana de la amenaza, una observación minuciosa de nuestro entorno y sus señales, puede ser la mejor prevención contra una situación no deseada.

Por ejemplo para un escolta privado entrenar su capacidad de observación y detección de circunstancias sospechosas, es mucho más importante que convertirse en un tirador selecto o en una máquina de la conducción evasiva.

Si bien es cierto que las técnicas operativas han de ser entrenadas con constancia y de la mano de profesionales (como instructor de combate cuerpo a cuerpo y defensa personal soy un gran defensor de este principio), también lo es que la herramienta más importante del profesional de la seguridad es el sentido común. Si el profesional no conoce, no entrena, o no se le enseñan los conceptos de trabajo adecuados, las técnicas dejarán de ser útiles. Y dejarán de serlo porque es muy probable que sean aplicadas de forma errónea o a destiempo.

Resumiendo mucho, pues no es la finalidad de este artículo hacer una disertación extensa, podríamos ceñirnos a las siglas OODA empleadas en el ciclo de Boyd, para definir el proceso antes descrito. En este ciclo un conflicto sería, básicamente, una sucesión de ciclos compitiendo por el tiempo disponible para solucionar el conflicto.

Observar: cada bando o participante empezaría por observarse a sí mismo, su entorno físico inmediato, a sus rivales, etc
Orientarse: esta fase consiste en crear una fotografía mental de la situación, esta es indispensable ya que hay mucha información que procesar a gran velocidad y eso hace que, a través de esa fotografía mental, obtengamos de forma rápida la información útil necesaria para orientar nuestra posible acción.
Decisión: una vez orientados es necesario que tomemos una decisión, la falta de decisión equivale a la no acción, y esta al desastre. Aquí podríamos citar otro de los grandes principios de adiestramiento para los profesionales de la seguridad “el movimiento es vida”. Hay que moverse, hay que decidirse. Y hay que hacerlo tomando en cuenta los factores que hemos percibido en la fase de orientación.
Acción: tras la decisión implementaremos la acción escogida. Esto hará que la situación y el conflicto cambien y el ciclo vuelva a empezar de nuevo.
El que completa el ciclo más rápido adquiere cada vez más ventaja sobre su rival. Dicho de otro modo, el que decide más rápido y mejor, tiene más posibilidades de salir airoso. Y todo empieza por una evaluación correcta de la intervención y el entorno…

http://cifs.es/blog/profesional-de-la-eguridad-privada/

@Vigtorre
http://www.vigilanteseguridadprivada.wordpress.com

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